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Ideas de negocio que son asegurables

Desde que dejé la gestoría de mi tío Juan, soy mucho más feliz y vivo más tranquilo, pero reconozco que el sueldo no me llega ni para cubrir gastos alojamiento y comida. No soy el único, claro, y con la mayoría de la gente que hablo, resulta que están igual o peor.

Ayer por la tarde me acordé de pronto de mi viejo amigo Genaro (con G, ojo, que si se lo escribes con J se mosquea) y le mandé un whatsapp para invitarlo a cenar, porque me cae muy bien y siempre ha tenido buenas ideas de negocio.

Es justo lo que necesitaba en ese momento, que alguien me diera alguna idea interesante.

Me dijo que le parecía estupendo y unas horas después estábamos comiendo paella y calamares en el mesón El Chipirón Azul.

Genaro trabaja en una compañía de seguros y dice que es un trabajo la mar de divertido. Yo no estoy de acuerdo, porque me parece un aburrimiento total de negocio, pero bueno, si a él le gusta…

Este hombre vive obsesionado –no sé por qué- con el artículo 1 de la Ley 50/1980, de 8 de octubre, de Contrato de Seguro. Se lo hace aprender de memoria a todos sus subordinados y no para hasta que todos lo recitan de carrerilla.

A mí me lo repite en todos nuestros encuentros (y eso que nunca he trabajado con él) y ya me lo sé de memoria también. Lo primero que le digo cuando lo veo es:

– Genaro, ¿cómo estás? ¿Sabías que el contrato de seguro es aquel por el que el asegurador se obliga, mediante el cobro de una prima y para el caso de que se produzca el evento cuyo riesgo es objeto de cobertura a indemnizar, dentro de los límites pactados, el daño producido al asegurado o a satisfacer un capital, una renta u otras prestaciones convenidas?

Entonces Genaro sonríe y me abraza con todo su cariño y dice:

– ¡Bravo, bravo, claro que lo sé!

Y con esta pequeña broma le alegro el día.

Anoche le conté que estaba harto de andar siempre sin dinero y que quería charlar con él de negocios.

Me habló de muchos de los que a él le parecían interesantes, como franquicias, instalación de placas solares, cines móviles…

Pero entonces le interrumpí y le dije que yo había encontrado mi camino.

Abrió muchos los ojos y dijo “soy todo oídos”.

Le expliqué que hacía cinco meses había decidido apuntarme a un gimnasio para perder barriguita y que haciendo deporte allí, me di cuenta de que la actividad física era lo mío. Ejercitarme me llevaba a un estado de plenitud y felicidad máxima, que debido a la energía unificada cuerpo-deseo-mente, me hacían sentir una máxima gratitud por las experiencias vividas. Sólo sé que quería más cada vez y que podía realizarme en ese sector.

En definitiva, le dije a Genaro que quería montar un gimnasio y hacerme entrenador personal. Pero no iba a ser un gimnasio cualquiera, sino un lugar de culto donde yo, guía espiritual, orientaría el camino vital de mis alumnos-clientes-discípulos. Mi amor por el deporte es tal que necesito trasmitirlo y compartirlo con ellos.

A mi amigo le pareció una idea estupenda y dijo que él se apuntaría el primero a mi templo del deporte.

Le hice sabe a Genaro que mi gran problema era el dinero. No tengo dinero para invertir en ese negocio ni forma de conseguirlo, así que lo tengo complicado.

Él contestó que no me preocupara, que fijara mi objetivo y que caminara hacia él con fuerza, porque de una forma o de otra, llegaría a la meta.

Espero que tenga razón.