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Perder las llaves hablando de seguros

¿Os habéis preguntado alguna vez si es legal que los seguros cubran importes derivados de sanciones administrativas?

Por ejemplo: hay por ahí una Ley Orgánica sobre Protección de Datos de Carácter Personal del año mil novecientos noventa y nueve. En la actualidad, esta norma recoge la posibilidad de que se impongan multas de novecientos euros mínimo, hasta seiscientos mil euros máximo, a aquellas personas o empresas que la infrinjan.
Una entidad que no proteja debidamente la información que almacena en sus instalaciones o equipos informáticos, o que no informe a sus clientes sobre el destino de sus datos personales y la finalidad para la que se recogieron, puede ser fácilmente sancionada por la Agencia Española de Protección de Datos u órgano equivalente en su Comunidad Autónoma.

Pues bien, sucede que la mayoría de las empresas y profesionales tienen suscritos contratos de seguro de responsabilidad civil que, entre otras cosas, cubren el importe de multas administrativas que tengan que ser abonadas por el asegurado, como es el caso de las multas de la normativa de protección de datos. De hecho, muchas son las pólizas que lo recogen como riesgo específico cubierto.

¿Qué implica que un seguro cubra el importe de estas multas?

Pues ni más ni menos que a la empresa o al profesional le traiga sin cuidado infringir la normativa. Como mi seguro me respalda y paga… ¿a mí qué más me da?.

Por eso, no entiendo muy bien que estás cosas estén permitidas. Aunque las autoridades europeas están emitiendo informes contrarios a esta práctica, que antes o después será radicalmente prohibida, según yo creo.

¿Qué sentido tiene entonces que la Ley sancione por incumplimientos relativos a materia de protección de datos personales (que además en España es un Derecho Fundamental expresamente reconocido por el Tribunal Constitucional)? Si la multa al final la cubre el seguro… ¿qué utilidad tiene la sanción?

Mi amigo Alfredo se pasó diez años trabajando en seguros y hemos discutido este tema mil veces. Él no lo ve mal y cree que es totalmente legal, pero yo sigo sin estar de acuerdo.

Anoche mismo volví a comentar el tema con él y justo estábamos en plena discusión y bebiéndonos un whisky con seven up, cuando Alfredo le dio un manotazo sin querer a su llavero, que estaba sobre la mesa, y con tan mala suerte que fue al suelo y acabó cayendo por las rejillas de una alcantarilla próxima a nuestra mesa de la terraza del bar.

En el llavero llevaba todas las llaves: las de su coche, las de su casa, las de la oficina…

Así que a las tres de la mañana me vi con él llamando a los cerrajeros 24 horas, para que abriera las cerradura de su apartamento. Y no fue tarea fácil, ya que en casa tenía una puerta blindada con cierres de seguridad que se resistió incluso al cerrajero más experto de la ciudad. Al final consiguió abrirla y mi amigo pudo entrar en su vivienda.

Por suerte tenía copia de las llaves del coche y de la oficina dentro de la misma, así que no tuvo que recurrir más a los servicios de los cerrajeros.

Cosas tontas que pasan cuando uno menos se le espera.